¿Cómo quitar la hipersensibilidad dental?
La sensibilidad dental, conocida en términos médicos como hipersensibilidad dentinaria, es una de las afecciones bucodentales más frecuentes en la población general. Se manifiesta como un dolor agudo, breve y punzante que aparece repentinamente al realizar actividades tan cotidianas como comer un helado, beber un café caliente o incluso cepillarse los dientes. Aunque a menudo se percibe como una molestia menor, para muchas personas supone un verdadero impedimento que afecta su calidad de vida, obligándoles a modificar su dieta y sus hábitos de higiene para evitar el sufrimiento.
Afortunadamente, la sensibilidad dental no es algo con lo que se deba vivir para siempre. Existen múltiples estrategias para combatirla, desde tratamientos profesionales en clínica hasta cambios en las rutinas diarias y remedios naturales que pueden ofrecer alivio. En este artículo, exploraremos en profundidad qué es exactamente esta afección, por qué se produce y, lo más importante, cómo quitar la hipersensibilidad dental de forma efectiva y duradera.
¿Qué es y por qué se produce la sensibilidad dental?
Para entender cómo solucionar el problema, primero es crucial comprender su origen. El diente no es una estructura sólida e insensible; en su interior alberga la pulpa dental, donde residen los nervios y los vasos sanguíneos. Esta zona interna está protegida por una capa intermedia llamada dentina y, en la parte visible del diente (la corona), por una capa externa extremadamente dura conocida como esmalte. En la raíz, bajo la encía, la protección corre a cargo del cemento radicular.
La hipersensibilidad ocurre cuando la dentina queda expuesta. Esta capa es porosa y está atravesada por miles de canales microscópicos llamados túbulos dentinarios. Estos túbulos conectan el exterior del diente directamente con las terminaciones nerviosas del interior. Cuando el esmalte se desgasta o la encía se retrae, los túbulos quedan abiertos al medio oral.
En esta situación, cualquier estímulo externo, ya sea térmico (frío o calor), químico (dulce o ácido), táctil (el roce del cepillo) u osmótico, viaja a través de estos túbulos y estimula el nervio, provocando ese latigazo de dolor característico. Por tanto, el objetivo de cualquier tratamiento será volver a sellar o bloquear estos túbulos para impedir que los estímulos lleguen al nervio.
Causas principales: ¿Por qué sufren tus dientes?
Identificar la causa es el primer paso para elegir el tratamiento adecuado. La exposición de la dentina no ocurre por azar; suele ser el resultado de factores mecánicos, químicos o patológicos.
1. Desgaste del esmalte y abrasión.
El esmalte es la sustancia más dura del cuerpo humano, pero no es indestructible. Una de las causas más comunes de su deterioro es el cepillado agresivo. Utilizar un cepillo de cerdas duras o aplicar demasiada fuerza al lavarse los dientes puede, con el tiempo, lijar la capa protectora del esmalte. Además, el uso de pastas dentales muy abrasivas (como algunas blanqueadoras de baja calidad) puede contribuir a este desgaste.
2. Retracción de las encías.
Las raíces de los dientes no están cubiertas por esmalte, sino por cemento, que es mucho más fino y blando. Si la encía se retrae, la raíz queda expuesta y, con ella, la dentina. Esta recesión gingival puede deberse a enfermedades periodontales (como la periodontitis o «piorrea»), pero también a un cepillado traumático o al envejecimiento natural. Una vez que la raíz está al aire, la sensibilidad es casi inevitable.
3. Erosión ácida.
La dieta moderna juega un papel fundamental. El consumo frecuente de alimentos y bebidas con pH ácido (refrescos carbonatados, bebidas energéticas, zumos de cítricos, vino, vinagres) ataca químicamente el esmalte, disolviéndolo progresivamente. Asimismo, condiciones de salud que implican la presencia de ácido estomacal en la boca, como el reflujo gastroesofágico o trastornos alimenticios que cursan con vómitos recurrentes (bulimia), son factores de riesgo muy elevados para la erosión dental severa.
4. Bruxismo (rechinar de dientes).
El hábito involuntario de apretar o rechinar los dientes, conocido como bruxismo, somete a las piezas dentales a fuerzas enormes. Esto provoca microfracturas en el esmalte y un desgaste acelerado de las cúspides dentales, dejando la dentina al descubierto.
5. Tratamientos odontológicos recientes.
Paradójicamente, cuidar la boca a veces puede causar sensibilidad temporal. Es común sentir molestias después de una limpieza profesional (profilaxis), un raspado radicular o un blanqueamiento dental. En el caso de la limpieza, al retirar el sarro que cubría zonas de la raíz, estas quedan expuestas repentinamente al frío y al calor. Generalmente, esta sensibilidad es transitoria y desaparece en unos días o semanas.
6. Patologías dentales.
No todo dolor al frío es «sensibilidad» benigna. Las caries, los empastes desgastados o con fugas, y los dientes agrietados o fracturados también permiten que los estímulos lleguen a la pulpa. Es vital diferenciar la hipersensibilidad de una caries; en la primera el dolor cesa casi inmediatamente al retirar el estímulo, mientras que en patologías más graves el dolor puede persistir.
Tratamientos Profesionales: Soluciones en la clínica.
Si la sensibilidad es persistente o muy aguda, la visita al dentista es obligada. Los profesionales disponen de herramientas y materiales que no están al alcance del consumidor para sellar la dentina de forma efectiva.
Barnices de flúor y geles desensibilizantes:
El tratamiento más básico y común consiste en la aplicación tópica de barnices con alta concentración de flúor en las zonas afectadas. El flúor ayuda a fortalecer el esmalte y a remineralizar la dentina, creando tapones en los túbulos dentinarios que bloquean la transmisión del dolor.
Adhesivos y selladores (bonding):
Cuando la raíz está expuesta pero no hay cavidad (caries), el dentista puede aplicar una resina adhesiva o un agente de unión (bonding) sobre la superficie sensible. Esto crea una barrera física duradera e impermeable que aísla la dentina del medio oral. En casos de desgaste en el cuello del diente (abfracción), se pueden realizar obturaciones (empastes) con composite para restaurar la anatomía y proteger la zona.
Injertos de encía:
Si la causa principal es la pérdida de tejido gingival, un injerto de encía puede ser la solución definitiva. Este procedimiento quirúrgico consiste en tomar una pequeña cantidad de tejido de otra parte de la boca (generalmente del paladar) y suturarlo en la zona donde la encía se ha retraído. Esto no solo cubre la raíz expuesta eliminando la sensibilidad, sino que también mejora la estética y la salud futura del diente.
Tratamiento del bruxismo:
Si el origen es el rechinamiento, la solución pasa por una férula de descarga. Este dispositivo, hecho a medida, se coloca generalmente por la noche para evitar que los dientes rocen entre sí, frenando el desgaste y relajando la musculatura mandibular.
Kits de desensibilización clínica:
Algunas clínicas avanzadas ofrecen protocolos combinados que incluyen una limpieza suave, escaneado digital para férulas personalizadas y la aplicación de geles con nanohidroxiapatita o sueros remineralizadores que el paciente utiliza bajo supervisión durante unas semanas.
Endodoncia:
En casos extremos donde la sensibilidad es incapacitante y ningún otro tratamiento ha funcionado, se puede optar por la endodoncia (matar el nervio). Al eliminar la pulpa dental, se elimina la capacidad del diente de sentir dolor, aunque se considera el último recurso al ser un tratamiento invasivo.
Cuidados en casa y hábitos diarios.
El tratamiento profesional debe complementarse siempre con un mantenimiento riguroso en casa. De hecho, para casos leves, cambiar los hábitos puede ser suficiente para eliminar el problema.
La elección de la pasta de dientes:
Es fundamental utilizar dentífricos específicamente formulados para dientes sensibles. Estas pastas suelen contener nitrato de potasio o fluoruro de estaño. Su mecanismo de acción no es inmediato; requieren un uso continuado (al menos dos veces al día durante varias semanas) para ser efectivas. Funcionan «adormeciendo» el nervio o bloqueando los túbulos progresivamente. Evita a toda costa las pastas blanqueadoras o con control de sarro, ya que suelen ser más abrasivas.
Técnica de cepillado:
Cambia tu cepillo por uno de cerdas suaves o extra suaves. La técnica es igual de importante: no cepilles horizontalmente con fuerza de sierra. Lo ideal es realizar movimientos circulares suaves o de barrido vertical, siempre desde la encía hacia el diente (de rojo a blanco), para no empujar la encía hacia atrás ni desgastar el cuello dental.
Uso de complementos:
El hilo dental es necesario para mantener las encías sanas y evitar la retracción por enfermedad periodontal. También existen colutorios (enjuagues) desensibilizantes que potencian el efecto de la pasta, aportando flúor extra y ayudando a llegar a zonas difíciles.
Control de la dieta:
Reducir la frecuencia de ingesta de alimentos ácidos es clave. Si consumes zumos de naranja, refrescos o vino, hazlo durante las comidas principales y no entre horas. Un truco útil es usar una pajita para beber líquidos ácidos, minimizando el contacto con los dientes. Además, nunca te cepilles los dientes inmediatamente después de comer algo ácido; el esmalte está reblandecido en ese momento y el cepillado lo desgasta más. Lo ideal es beber agua o enjuagarse con agua para neutralizar el pH y esperar unos 30-60 minutos antes del cepillado.
Prevención: la mejor cura.
Una vez controlada la sensibilidad, el objetivo es evitar que regrese. La prevención se basa en la constancia y en evitar los factores de riesgo mencionados.
- Revisiones periódicas: Acude al dentista cada 6, 8 o 12 meses, según te recomienden. Esto permite detectar precozmente grietas, caries o inicios de recesión gingival antes de que causen dolor.
- Corrige malos hábitos: No utilices los dientes como herramientas para abrir envases, cortar celo o morder objetos duros (bolígrafos, uñas). Evita el uso de palillos de madera, que pueden dañar la encía y provocar su retracción.
- Cuidado tras el blanqueamiento: Si te sometes a un blanqueamiento dental, sigue estrictamente las pautas de tu dentista sobre el uso de geles desensibilizantes post-tratamiento y evita alimentos muy fríos o ácidos durante los días posteriores.



